Falsificación de tarjetas de crédito

Juan Córdoba Roda – Catedrático de Derecho Penal – AbogadoLa Ley Orgánica 5/2010, de 22 de junio, ha introducido un nuevo grupo de delitos dedicado a la falsificación de tarjetas de crédito y débito y cheques de viaje. Los motivos de esta reforma son crear una propia tutela penal frente a la falsificación de tarjetas de crédito o débito y cheques de viaje, extender la tutela penal al tráfico, uso y tenencia de estos instrumentos, y, en particular, tomar en consideración el hecho de que estas actividades delictivas frecuentemente se llevan a cabo en el marco de una organización, con distribución de funciones entre quienes obtienen los datos de una tarjeta auténtica, quienes los incorporan a la banda magnética y quienes, por ultimo, utilizan las tarjetas para extraer dinero de los cajeros automáticos.

La Ley de reforma ha creado así una nueva regulación para los delitos de falsificación de tarjetas de crédito y débito y cheques de viaje. Antes de dicha reforma, el Código Penal atribuía a las tarjetas de crédito y débito y a los cheques de viaje la naturaleza de moneda y, en consecuencia, castigaba su falsificación como falsificación de moneda. La Ley Orgánica de 22 de junio de 2010 modifica esta regulación en el sentido de crear una propia tutela penal frente a la falsificación de dichas tarjetas. El alcance de esta reforma rebasa la simple modificación de la colocación sistemática de estos delitos en el Código Penal. En la medida en la que las tarjetas y los cheques de viaje no son moneda, la competencia para la instrucción y enjuiciamiento de estos delitos ya no se atribuye como en la regulación anterior a la reforma, a los Juzgados Centrales de Instrucción y a la Audiencia Nacional, sino a los Juzgados y Tribunales ordinarios.

Tarjetas de crédito y débito son documentos emitidos por una entidad crediticia que permiten a su titular a través de la presentación de las tarjetas o de su introducción en un cajero automático, pagar bienes o servicios u obtener una suma dineraria. En el caso de las tarjetas de débito, dicho pago se adeuda en una cuenta bancaria abierta por el titular de la tarjeta; y en el caso de las tarjetas de crédito, dicho pago se efectúa a través de un crédito otorgado al titular de la tarjeta. Y tarjetas de crédito o de débito lo serán todas aquellas que tengan una validez general como instrumentos de pago, de suerte que aquellas que son un medio de pago propio tan solo de una determinada clase de establecimientos, no constituyen los instrumentos objeto de la presente regulación penal.

La primera de las conductas que la Ley castiga, es la de alterar, copiar, reproducir o de cualquier otro modo falsificar tarjetas. Un ejemplo lo ofrece la alteración de los datos contenidos en la banda magnética de una tarjeta autentica, a través de la incorporación a dicha banda magnética de los datos de una determinada persona, obtenidos fraudulentamente. Esta conducta se castiga con una pena de prisión de cuatro a ocho años, superior a la establecida para la falsificación de documentos públicos y oficiales, aunque menor a la que con anterioridad a la reforma preveía el Código Penal cuando atribuía a las tarjetas la consideración de moneda.

El Código castiga en segundo lugar la tenencia de tarjetas de crédito o débito o cheques de viaje falsificados, destinados a la distribución o tráfico. Dicha tenencia debe tener como finalidad la distribución o trafico. La tenencia para el posterior uso por el detentador, no constituye de por si un delito que pueda adicionarse al del uso que de la tarjeta o cheque se realice.

Y el Código Penal castiga por último la conducta de quien sin haber intervenido en la falsificación usare en perjuicio de otro y a sabiendas de la falsedad, tarjetas de crédito o débito o cheques de viaje falsificados. Dicho uso puede llevarse a cabo de dos formas distintas: presentar la tarjeta en un establecimiento para comprar un producto; o extraer dinero de un cajero automático utilizando la tarjeta y tecleando el número secreto del titular. Y ambas formas pueden llevarse a cabo en virtud del apoderamiento de la tarjeta del titular o en virtud de la utilización de una tarjeta falsificada. A ambas formas les es de aplicación el nuevo delito de estafa creado por la reforma, que castiga a quienes utilizando tarjetas de crédito o débito, o cheques de viaje, o los datos obrantes en cualquiera de ellos, realicen operaciones de cualquier clase en perjuicio de su titular o de un tercero.

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