DETECTIVES PRIVADOS

Resultados asegurados, confidencialidad, precios competitivos

 

En las dos últimas décadas, he conocido a unos cuantos representantes de este gremio, algo denostado por el cine, la televisión y hasta por el lenguaje. Las infidelidades y la comprobación de las bajas laborales siguen siendo los encargos más comunes que reciben. Pero hay unos cuantos de ellos que han protagonizado episodios que ni el cine negro ni los grandes de la literatura podrían haber ideado.

No lucen largas y raídas gabardinas, ni tienen botellas de whisky escocés en los cajones de sus despachos, ni se parecen al Sam Spade de Hammett que encarnó Humphrey Bogart. Al menos los detectives privados que yo conozco se alejan de los cánones del cine negro americano. Ni siquiera son tan duros como el Germán Areta creado por José Luis Garci e interpretado por Alfredo Landa en El crack. Tampoco se dedican en exclusiva a perseguir infidelidades ni a espiar a políticos, como podría parecer a tenor de los sabido en los últimos tiempos.

En las dos últimas décadas, he conocido a unos cuantos representantes de este gremio, algo denostado por el cine, la televisión y hasta por el lenguaje, que les ha reservado epítetos como sabuesos o huelebraguetas. Las infidelidades y la comprobación de la veracidad de las bajas laborales siguen siendo los encargos más comunes que reciben, de los que viven la mayoría de los 3.000 investigadores privados con licencia en España. Pero hay unos cuantos de ellos que han protagonizado episodios que ni el cine negro ni los grandes de la literatura del género podrían haber ideado. Fue un despacho de detectives quien estaba detrás de la investigación periodística que acabó con la carrera de Ramón Calderón como presidente del Real Madrid cuando se descubrió la presencia de falsos compromisarios en una asamblea del club. Y fue un investigador privado quien grabó a Ignacio González durante un viaje a Colombia, imágenes que luego fueron difundidas en varios medios.

Los detectives, pese a lo que hemos visto en el cine, no pueden esclarecer delitos. Tienen muy bien delimitadas sus funciones Los detectives, pese a lo que hemos visto en el cine, no pueden esclarecer delitos. Tienen muy bien delimitadas sus funciones y cuando tienen noticia de la comisión de un delito, deben comunicarlo a la policía y así lo hacen la mayoría. Hay uno de ellos, especializado en delincuencia económica, que está detrás de varias grandes operaciones contra la corrupción y el crimen de cuello blanco. Gerardo Díaz Ferrán, el expresidente de la CEOE, y el liquidador Ángel de Cabo están entre rejas gracias a que el despacho de abogados que representaba a los acreedores de Díaz Ferrán contrató los servicios de este detective, que encontró una buena parte de los bienes que el expresidente de Marsans quiso hurtar a la justicia y a sus acreedores. El mismo investigador descubrió una multimillonaria estafa a dos hermanas de la nobleza española perpetrada por un abogado y el hermano de éste, un párroco, confesor de las nobles. Este mismo investigador, para quien no existen las fronteras a la hora de encontrar propiedades o dinero en cuentas bancarias, fue quien identificó al pederasta del que hablaba en la última entrega de La Pringue.

“Si no te falta trabajo, no necesitas salir en la tele. Los que veas en la tele de mi gremio, es que están a dos velas”, me repite muchas veces un detective de los que nunca quieren estar delante de los focos. Me lo decía en referencia a Método 3, la archiconocida agencia barcelonesa, hoy en liquidación y con sus informes a la venta al mejor postor.

El detective más cinematográfico que conozco vive en la costa catalana, alejado del ruido y disfrutando de los beneficios de una carrera en la que no le ha faltado de nada: cruzó la frontera entre Francia y España con un empresario que debía millones a sus trabajadores secuestrado en el maletero de un coche y hasta ha resuelto varios crímenes. Altísimo, de manos y pies grandes, de hueso ancho, con voz profunda, adiestrado en el ejército, Jorge Colomar es capaz de pilotar aviones y sí podría protagonizar una serie con su nombre. Fue él quien esclareció el crimen de Antonia Torres, una joven de 19 años que desapareció sin dejar rastro. La policía cerró el caso como una fuga, pero ocho años después la madre llamó a una vidente que estaba en un programa de radio nocturno y la adivina le dijo que su hija estaba muerta. El detective oyó el programa y se puso en contacto con la madre de la chica, que le contrató. El investigador ese entrevistó con todos los amigos de Antonia y descubrió que tenía un novio; se enteró de que la chica estaba embarazada en el momento de su desaparición, algo que sólo sabían dos de sus amigas íntimas; y habló mucho con el novio de Antonia, hasta que le hizo incurrir en varias contradicciones.

Con el informe que elaboró se presentó en el Grupo de Homicidios de la Policía de Zaragoza, que sólo tuvo que confirmar el trabajo que había hecho el detective, gracias al que el novio de la víctima pudo ser condenado a 20 años de prisión. Incluso dieron con los restos de Antonia: unos huesos en una vieja cabaña de pastores entre los que se encontraba un fragmento de cráneo con un agujero correspondiente a una bala del calibre 22. La chica fue asesinada por su novio cuando éste se enteró de que estaba embarazada y ante su resistencia a abortar.

Manuel Marlasca

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