El café negro de Donna Leon, la gran dama del crimen

La maestra de novela policíaca afincada en Venecia desvela algunos de sus secretos en la Casa de la Provincia, pero se escapa para conocer Sevilla.

¿Se puede enseñar a escribir novela negra? Donna Leon cree que sí. La escritora estadounidense ha impartido un curso especializado durante los dos últimos días en la Casa de la Provincia, organizado por la UIMP, en el que ha desvelado algunos de los secretos que le han dado éxito mundial a su saga protagonizada por el inspector Guido Brunetti y ambientada en Venecia, ciudad en la que reside.

“Creo que lo fundamental es que tienes que tener una buena razón por la cual ha ocurrido el crimen. En general, la gente está más interesada en saber el por qué que el quién”, asegura.

Las novelas de Donna Leon no se publican en Italia por su propia voluntad. “No quiero vivir como alguien famoso en Italia. Es malo serlo. No he conocido a nadie que se haya hecho mejor persona por ser famoso. Excepto yo, claro” [risas].

En España, donde goza de notables ventas, siente cierta familiaridad, pero matiza: “Hay una enorme diferencia entre ambos países. En España, alguien como Rodríguez Zapatero puede ser elegido presidente. En Italia hoy sólo puede salir elegido Berlusconi”.

Y añade: “La situación en Italia puede ser probablemente peor incluso de lo que ustedes se imaginan. Dígame, ¿qué le va a ocurrir a la gente del juicio de Marbella? ¿Van a ir a la cárcel?”. Cuando se le responde que probablemente sí, aunque no sabemos por cuánto tiempo, ni en qué paraísos fiscales podría estar lo robado, apunta: “Pero ahí reside la diferencia. El hecho de que el juicio haya comenzado ya, que haya unos acusados en el banquillo y un juez instruyendo el caso, es lo que no existe en Italia”.

A propósito de la ola de novela negra nórdica que invade el mercado, con Mankell y Larsson a la cabeza, Donna Leon cree que el género en España, Italia o Grecia también presenta algunas diferencias: “Los nórdicos parecen más fascinados por la violencia, y menos preocupados por la comida que nosotros”, sonríe.

Aunque trabajó como profesora en diversos lugares de Europa y Asia, Leon hizo un buen día de Venecia su espacio literario y la ciudad donde vivir. “Antes estuve en Arabia Saudí. Fue el único año infeliz de mi vida. Así que después de aquello decidí irme al sitio donde siempre he sido feliz. Me mudé a Venecia sin tener trabajo, sin nada, pero la ciudad era preciosa, me gustaba la gente… Sí, creo que es la única ciudad donde realmente he vivido”, comenta.

La escritora ya había visitado Sevilla hace un año largo, con motivo de la Feria del Libro, pero esta vez ha aprovechado para indagar un poco más. “Una ciudad cerrada los domingos siempre es interesante”, ironiza.

“Dice algo del poder del turismo en Venecia, y del poder de la tradición en Sevilla. Pero es agradable caminar por las calles y que no estén demasiado llenas de gente. Por otro lado, en España siempre me mata cenar a las diez y media de la noche. Nosotros a las ocho y media ya estamos en los postres”, agrega.

Leon cuenta con humor su odisea en busca de café en la mañana del pasado lunes. “Salí al mostrador del hotel a las siete menos cuarto de la mañana, y los recepcionistas me miraron como si fuera un monstruo de dos cabezas por querer un café a esa hora. Caminé más de media hora hasta que encontré un bar abierto. Fue una experiencia maravillosa, sí, pero ¿cómo puede continuar la civilización si no hay café a las siete de la mañana?”, se pregunta la novelista, cuyas preferencias en materia cafetera no dejan lugar a dudas: negro, por supuesto.

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