El Gran Hermano se extiende a las empresas francesas

Acuden cada día al trabajo con un guardaespaldas adosado a su nuca. Sus movimientos no pasan desapercibidos, ni sus llamadas de teléfono, ni sus desplazamientos. Se sigue de cerca el rastro que dejan en la Red y el camino que trazan cuando circulan con el coche de empresa. La mayoría no lo sabe, algunos lo sospechan, pero el gran ojo les vigila desde lo alto de la cúpula

Los trabajadores franceses están cada vez mas controlados. El numero de conflictos ligados al espionaje laboral creció un 60% en 2011, según los últimos datos de la Comisión Nacional de Libertades e Informática (Cnil).La punta del iceberg, por conocido, es el caso de Ikea. La firma sueca fue denunciada hace semanas por el sindicato francés FO, que la acusa de espiar a sus empleados y clientes.

Según el diario ‘Le Canard Enchainé’, que fue el que desveló el escándalo, el departamento de seguridad de Ikea encargó a una empresa privada que vigilara los pasos de algunos de sus asalariados y que recabara información como multas de tráfico o movimientos bancarios. Además, según Mediapart, el director de seguridad de la firma en Francia había ordenado a un detective buscar informaciones sobre una pareja de clientes con los que la empresa tenía un litigio.

Aunque no sólo Ikea se interesa por la vida privada de sus empleados. En 2011 el Cnil recibió 663 denuncias de trabajadores víctimas de espionaje. Esta cifra representa el 12% del total de las presentadas ante el organismo. El gran ojo asume su culpa y el año pasado casi 6.000 empresas reconocieron haber instalado cámaras en las oficinas y 7.800 declararon haber puesto en marcha sistemas de geolocalización.

Tecnología espía

En Francia, la tecnología esta al servicio de la curiosidad y cada vez más empresas recurren al GPS para averiguar donde ese encuentran sus asalariados. A través de estos sistemas los jefes puede averiguar qué hacen los comerciales en carretera, dónde van y cuánto tiempo pasan en cada misión de trabajo.

Según los datos del organismo, el uso de estos sistemas ha aumentado un 133% de 2010 a 2011. De puertas para adentro, el empleo de videocámaras creció un 39% y el de la biometría, un 5%. “Con las nuevas tecnologías los medios de vigilancia son más accesibles así que el espionaje se desarrolla más”, asegura Yann Padova, secretario general del Cnil.

También las redes sociales son un buen filón de información. Según los expertos, los jefes usan los foros para rastrear el pasado de los candidatos o los recién incorporados a sus plantillas. En origen pensadas como herramienta profesional, Facebook o Twitter se convierten en armas de doble filo. Son los propios usuarios los que a veces se tienden la trampa.

Detectives

Las que tienen dudas sobre la honorabilidad de sus trabajadores incluso recurren a los detectives privados, dice el Cnil. Estos cobran una media de 900 euros por jornada de espionaje.

“Muchas compañías del lujo y de la distribución contratan sus servicios para destapar falsas bajas laborales o complots de traidores que se pasan a la competencia”, explican.

Según la Ley francesa, la vigilancia está permitida siempre que preserve la vida privada de los empleados. La empresa debe justificar “un interés legítimo” para poder instalar sistemas de vigilancia, consultar a los representantes del personal y advertir a sus plantillas.

En los lugares públicos como los bancos es necesario una autorización del prefecto correspondiente, mientras que para instalar una videocámara en un espacio privado, como por ejemplo un parking de empresa o una oficina, es necesario una declaración ante la Cnil. “Los empleados o visitantes deben estar informados, con un panel visible en los sitios bajo vigilancia, de la existencia del dispositivo”, dicen.

No siempre la vigilancia es sutil y el año pasado la justicia condenó a la empresa Oceatech Equipamient por haber instalado cámaras micrófonos para investigar a ocho de sus empleados. Más disparatado fue el caso de espionaje en Renault, hace un año, que acabó con el despido de varios empleados, acusados por la empresa de haber filtrado información confidencial a la competencia china.

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