El grapo Silva Sande confiesa que Publio Cordón murió durante el secuestro

El dirigente de los Grapo Fernando Silva Sande confesó el pasado mes de noviembre que Publio Cordón, secuestrado el 27 de junio de 1995 en Zaragoza, murió mientras permanecía en poder del comando que le retenía y nunca fue puesto en libertad tras el pago del rescate, tal y como había mantenido siempre la organización terrorista. Desde entonces, la Guardia Civil busca el cadáver del empresario zaragozano en La Provenza francesa.
Es la primera vez que un grapo reconoce la muerte de Cordón. Y no es un terrorista cualquiera, sino Silva Sande, miembro del comité central de la banda y jefe del comando que perpetró el secuestro. El pasado 6 de noviembre confesó a la Guardia Civil que él mismo enterró el cuerpo sin vida del presidente de Previasa en una montaña de la región de La Provenza, en el sureste de Francia, después de que falleciese al saltar desde una ventana de la casa donde estaba retenido.
Informado de la confesión, el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande Marlaska decidió interrogar al terrorista, quien, según fuentes judiciales, confirmó ante el magistrado su nueva versión de lo sucedido: tras secuestrar al empresario mientras hacía footing por los alrededores de su casa de Zaragoza, los Grapo le llevaron de inmediato Francia, a una casa cercana al monte Ventoux, en el departamento de Vaucluse, en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul. A los pocos días del cautiverio, y cuando los terroristas discutían con la familia el rescate, Cordón intentó fugarse saltando desde la ventana de la habitación donde estaba retenido.
Siempre según el nuevo testimonio de Silva Sande, el empresario falleció en el acto. Los terroristas decidieron entonces enterrarlo en un paraje cercano y continuar las negociaciones con la familia como si nada hubiera sucedido. Silva Sande insistió en que él mismo inhumó los restos mortales de Cordón.
El secuestrado, de acuerdo con la versión del cabecilla de los Grapo, ya estaba muerto cuando la hija y el yerno del presidente de Previasa viajaron a París el 9 de agosto de 1995 para pagar a Silva y Cuadra el rescate de 400 millones de pesetas de las de entonces que exigían los terroristas. Los secuestradores acordaron fijar el 17 de agosto como fecha de la fingida liberación, que situaron en Barcelona, en las inmediaciones del Estadio de Sarriá, el antiguo campo del Espanyol.
Rastreos
La ausencia de contradicciones en su relato provocó que tanto la Guardia Civil como el juez Grande Marlaska hayan dado «cierta credibilidad» a la nueva confesión de Silva Sande, hasta el punto de que el magistrado decidió el pasado noviembre reabrir el sumario, que declaró de inmediato secreto.
Este caso estaba cerrado desde que en diciembre de 2007 la Audiencia Nacional condenara a 28 años de cárcel a Silva Sande, el último acusado del secuestro, por detención ilegal sin dar razón del paradero de la víctima, y no por asesinato, ya que su muerte todavía no ha sido acreditada. La sentencia está pendiente de revisión por el Tribunal Supremo. El terrorista aceptó la condena y no recurrió en casación ante el alto tribunal, pero no así la esposa de Cordón, Pilar Muro, que reclamó más dura pena y mayor indemnización.
Desde la confesión de Silva Sande, veinte agentes de los servicios de Información del instituto armado baten sin éxito la zona por él señalada. En los últimos meses, el terrorista ha sido trasladado en varias ocasiones desde la celda de la prisión madrileña de Soto del Real donde cumple condena a La Provenza gala para intentar ayudar en las labores de rastreo y acotar la zona de los Alpes donde supuestamente enterró el cuerpo.
Los funcionarios basan su búsqueda en la localización de metales bajo tierra ya que, de acuerdo a la confesión de Silva, junto al cuerpo enterró las herramientas que usó para cavar la apresurada fosa. La Guardia Civil, que ha pedido la colaboración de varios académicos de universidades españolas expertos en localización de metales mediante el sónar, por el momento sólo ha localizado dos «perfiles» en las zonas rastreadas todavía pendientes de análisis.
Silva Sande, desde su entrega por Francia en octubre de 2005, ha sido condenado ya en cinco ocasiones a un total de 158 años de cárcel. Su nombre aparece además en otros 36 sumarios de la Audiencia Nacional. Durante sus últimas comparecencias en la Audiencia Nacional, Silva Sande no sólo ha mostrado su distanciamiento con la actividad terrorista, sino sus diferencias con la dirección del PCE(r) -siglas del Partido Comunista de España (reconstituido)- ilegalizado por el Tribunal Supremo por ejercer de brazo político de los Grapo. En septiembre criticó a la banda terrorista a la que tildó de «secta» y a sus integrantes. Además se ofreció hace cuatro meses a colaborar con la Justicia para esclarecer los crímenes sin resolver de la organización terrorista.
«Esperanzada»
Por su parte, la esposa de Publio Cordón, Pilar Muro, manifestó ayer que «se siente muy esperanzada» ante la búsqueda que lleva a cabo la Guardia Civil en Francia para intentar localizar el cuerpo del empresario. «Me parece que es un milagro, estoy contenta, esperanzada, al igual que el resto de la familia, a ver si es posible conocer lo que ocurrió». Añadió que esta esperanza se mezcla al mismo tiempo con un sentimiento de angustia. «Aunque todos los días nos acordamos de Publio, estoy muy angustiada, reviviendo el secuestro». Afirmó que la Guardia Civil «nos comunicó que tenían nuevos datos, que iban a seguir esa línea». «Bien puedo decir que la Benemérita no ha dejado ni un momento de trabajar», incidió.
Sobre la credibilidad que pueda tener la confesión de Silva Sande, apuntó «que realmente lo desconocemos. Ojalá podamos dar por cerrado el secuestro, saber todo lo que pasó y dónde dejaron a mi marido».

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