España extraditará al “ladrón” que le costó 200 millones a Botín

El Consejo de Ministros ha dado luz verde al proceso de extradición, desde España a Suiza, de Hervé Falciani, el hombre que le costó 200 millones de euros al bolsillo particular de Emilio Botín. Si es cierta la afirmación de Oscar Wilde, y a partir de los 40 un hombre es responsable de su cara, Falciani, que los acaba de cumplir, está pagando la osadía de haber robado fuegos sacros para gozar la doble cara del dios Jano.

Para los jueces y banqueros suizos, Falciani es un ciberdelincuente que ha sustraído de la sede ginebrina del mayor banco privado del mundo, el británico HSBC, 80.000 nombres de empresas y particulares con sus respectivos datos contables secretos, dispersos en cerca de decenas de miles cuentas bancarias.

En versión de los antisistema, de cierta izquierda y de los enemigos del oscurantismo financiero, Falciani es un héroe que ha destapado que, bajo esas cuentas secretas, se esconde la evasión de capitales, los beneficios del tráfico de droga y armas ilegales, y otros sucios delitos presuntamente amparados por los grandes bancos.

Falciani entró a trabajar en la filial ginebrina del HSBC en el año 2000. Tenía 28 años y era un genio de la informática. Según su propia versión, desde su entrada en la entidad empezó a percibir que había diariamente cientos de operaciones irrastreables. Transferencias entre cuentas anónimas inmediatamente borradas gracias al programa Hexagon, que permite desplazar en un solo clic fortunas entre Ginebra y Hong Kong sin dejar huella numérica. Siempre según la versión de Falciani, durante los siete años siguientes este joven Robin Hood del Sherwood de los ceros y los unos se dedicó a investigar información de operaciones y operantes binariamente opacos. Y, en 2007, decidió sustraer esta información sensible y llevársela a su casa. Cuando terminó su relación contractual con el HSBC en diciembre de ese mismo año, el ordenador personal de Falciani era un pozo negro de dinero del mismo color.

Según sus detractores, Falciani no hizo esto para denunciar altruistamente el encubrimiento de delitos financieros por parte de la entidad británica en la que trabajaba, sino para enriquecerse. Presuntamente, intentó negociar la venta de los datos sustraídos en HSBC al Banco Audi de Beirut (Líbano). Para sonrisa de historiadores, conviene recordar que Líbano era conocido, antes del enfrentamiento civil iniciado en 1975, como la Suiza de Oriente Próximo, por su opulencia financiera y otras razones bastante obvias de parentesco oscurantista con la banca del país del reloj de cuco.

En la versión de sus defensores, Falciani es un Julian Assange, un adalid contra la corrupción financiera internacional injustamente perseguido, pues, en julio de 2008, entregó a las autoridades anticorrupción francesas expedientes del HSBC que permitieron identificar a 3.000 ciudadanos que evadían impuestos.

En España, los datos recabados por Falciani obligaron a la Audiencia Nacional a investigar el patrimonio oculto de la familia Botín. Y de los titulares de otras 3.000 cuentas. Los Botín no habían declarado, entre 2005 y 2009, los 900 millones de euros que dormitaban en una cuenta Suiza desde que, en 1936, el padre del financiero español los evadiera para proteger su patrimonio durante la Guerra Civil. La Audiencia archivó el proceso cuando los Botín, de forma inmediata, pagaron los 200 millones que no habían cotizado. En total, el Fisco español consiguió recaudar alrededor de 300 millones de distinta procedencia gracias a Falciani.

En Italia, la denominada lista Falciani ha incluso desedulcorado un poco las revistas de corazón, al haber salpicado a habituales del couché como el modisto Valentino, la firma joyera Bulgari, y la esposa del empresario Flavio Briatore, entre otros.

Falciani fue arrestado el primero de julio en Barcelona. Cuatro días después, las autoridades suizas solicitaban su extradición. Y el último Consejo de Ministros ha ordenado la puesta en marcha de los mecanismos que conduzcan al franco italiano hacia los tribunales helvéticos.

Ya en 2009, Falciani accedió a justificar su delito en la cadena televisiva France 2, alegando que consideraba “un deber cívico” denunciar los manejos del banco en que trabajaba. No es el único que lo ha hecho. El día 16 de julio, el Senado de los EEUU presentó un informe denunciando que HSBC llevaba años lavando dinero del narcotráfico y financiando grupos terroristas. ¿Pedirá también Suiza la extradición del Senado americano?

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