Las falsificaciones de arte mueven 15.000 millones de euros al año

Las falsificaciones de obras de arte, el tercer mercado ilegal en el mundo detrás de las drogas y las armas y que mueve cerca de 15.000 millones de euros cada año, aparecen de forma «muy habitual» en el mercado del arte y a menudo son obras «difíciles de detectar». A la hora de pensar en falsificaciones de obras de arte tendemos a imaginar una copia de la Mona Lisa o pinturas de alto valor artístico, pero los expertos defienden que es más frecuente copiar «a la manera de» algunos autores, especialmente de aquellos con mayor producción artística como Picasso, autor de más de 30.000 obras. Esto se debe, opinan los expertos, a que el mundo del arte ha tomado precauciones para protegerse de los falsificadores creando catálogos, bases de datos y monografías de los autores más conocidos para cuidar de sus legados, como es el caso de fundaciones como la Tàpies.

Españoles implicados

Sin embargo, se dan casos como el del financiero Pierre Lagrange, que adquirió en el año 2007 un supuesto Pollock por 1,5 millones de euros en la galería Knoedler de Nueva York, a la que denunció por fraude, en lo que resultó ser la mayor trama de falsificación de arte de la historia. Esta trama, según la Fiscalía norteamericana, generó en quince años unos 60 millones de euros al gallego Carlos Bergantiños, detenido el pasado mes de abril en Sevilla, y a la madre de su hija, la mexicana Glafira Rosales, acusada de siete cargos de fraude, delito fiscal y blanqueo de capitales.

La pareja, según la fiscalía, vendió más de cincuenta pinturas falsas que atribuía a algunos de los mejores artistas del siglo XX. El presidente de Ceptapa afirma que en España muchos de los grandes maestros como Murillo o El Greco han sido falsificados en vida.

Grandes especialistas

Jorge Llopis asegura los falsificadores en la actualidad son «grandes profesionales» especializados: el artista, «que puede llegar a ser mejor que el autor original», el especialista en documentación, que falsifica documentos para dar más autenticidad a la obra, y el especialista en la comercialización de la pieza.

Estos grupos pueden llegar a hacer varias versiones de una misma falsificación que se mueven en el mercado negro «donde nadie reclama. El artista alemán Wolfgang Beltracchi, detenido en 2011, es un ejemplo de líder de este tipo de grupos. Se dedicó a falsificar autores alemanes expresionistas de la talla de Max Ernst, Heinrich Campendonk o Max Pechstein tras crear un entramado que Llopis califica de «espectacular». Este grupo, en su búsqueda por la perfección, llegó a forjar fotografías falsas en las que la hermana de Beltracchi posaba, junto a las obras que previamente habían falsificado usando pigmentos antiguos, para cámaras fotográficas antiguas, usando ropa de época e imitando a familiares de estos autores alemanes. Así, se creó documentación con papel de época que incluía estas fotos y que podía confundir a los mejores especialistas.

 

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