Liberan a Ronald Biggs, el autor de “El robo del siglo”

Debido a su débil estado de salud, el gobierno británico decidió otorgarle la libertad al protagonista del asalto más famoso en la historia de Gran Bretaña.

Ronald Biggs , conocido como el “ladrón del siglo” por el asalto al tren de Glasgow en 1963, fue hoy oficialmente puesto en libertad, un día después de que el gobierno británico le concediese la excarcelación por su débil estado de salud.
“Las pruebas médicas claramente muestran que está muy enfermo y que su estado de salud se ha deteriorado recientemente, lo que ha culminado en su reingreso en el hospital. No se espera que mejore su estado. Por ese motivo, se le concede una libertad compasiva basada en razones médicas”, explicó ayer el ministro de Justicia británico, Jack Straw.

La idea de liberar a “Ronnie” Biggs se viene analizando desde hace tiempo. “Les cuesta a los contribuyentes 2.000 libras semanales mantenerlo en la cárcel con cuidados médicos y no es una amenaza para el público”, señalaron entonces fuentes penitenciarias.

Biggs , que mañana cumple 80 años, cometió el asalto más famoso de la historia de Gran Bretaña: junto a otros catorce hombres, y con un ingenioso plan, se llevó un botín millonario del tren de la Oficina Postal de Glasgow. Fue detenido y condenado, pero logró escapar de prisión tras trepar el muro de la prisión de Wandsworth. Se hizo una cirugía estética, recorrió como prófugo gran parte del mundo y terminó recalando en Brasil, adonde tuvo un hijo para evitar ser extraditado. En 2001, cansado de huir, decidió entregarse y volvió a su país para cumplir su condena.

En el conocido como “El robo del siglo”, Biggs, junto a su banda, se las ingenió para cambiar una señalización ferroviaria y engañar al tren del correo. Luego de herir de gravedad a un empleado que iba en el tren, los ladrones lograron apoderarse de 120 bolsas repletas de billetes. Allí había 2.600.000 libras, que constituían el mayor botín robado hasta entonces en Inglaterra y que hoy equivaldrían a unos 76.000.000 de dólares.

El grueso del dinero jamás apareció. Pero Biggs cayó detenido al poco tiempo y fue condenado a 30 años de cárcel. Sin embargo, quince meses más tarde, logró fugar de la cárcel tras descender con cuerdas por una ventana y meterse por un agujero en un camión.

El asaltante huyó a París, luego estuvo en España y en Australia. En el camino, se hizo una cirugía para evitar ser reconocido. Finalmente recaló en Brasil, adonde se enamoró de una bailarina local.

Con ella tuvo a un hijo, Michael -hoy representante de futbolistas en Inglaterra-, que le permitió eludir la extradición en 1974, cuando lo ubicaron en Río de Janeiro. Es que las leyes brasileñas dicen que el padre de un chico nacido en ese país no puede ser extraditado.

Gracias a esta impunidad, durante años Biggs vivió de dar entrevistas y de cobrarles a los turistas por sacarse una foto con él y escuchar sus historias.

En 2001, enfermo y con problemas de dinero, Biggs decidió entregarse en Inglaterra tras pasar casi 36 años prófugo. Especulaba con que no lo obligarían a cumplir toda la condena. “Su salud es débil e inestable. No puede comer o beber, no puede leer ni escribir ni caminar”, había señalado su hijo.

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