Los corsarios de Ibiza

 

Apenas tres semanas después de honrar a su patrona, la Virgen del Carmen, los marinos y gentes de la mar de las Pitiüses celebraban, cada seis de agosto, el día de su patrón, Sant Salvador, una de las festividades con mayor arraigo popular. Las primeras noticias que se conocen de Sant Salvador proceden del siglo XIV.

Una de las primeras cofradías aparecidas en Ibiza era la que agrupaba a gentes relacionadas con el mar. Según Joan Marí Cardona, “debían ser un gremio potente y con recursos, porque fueron quienes edificaron la capilla de Sant Salvador, que formaba parte del museo arqueológico. Mas adelante, quienes trabajaban en la zona portuaria formaron otro gremio, el de Sant Josep, y edificaron la iglesia de Sant Elm. En el siglo XV ambos gremios se unen y se trasladan a la iglesia de abajo, por lo que esta parroquia comienza a llamarse también de Sant Elm, pero sin por ello perder su nombre original”.

La historia revela que la actual parroquia de Sant Salvador de La Marina se construyó en el antiguo edificio dedicado a Sant Elm cuando alrededor de 1782 el obispo Abad y Lasierra organizó las divisiones parroquiales en las pitiüses. En esta jornada también tiene lugar el tradicional homenaje a los corsarios ibicencos, frente al obelisco situado en los andenes del puerto, por sus características posiblemente único en el mundo.

Como corsarios se denominaba a quienes mandaban una embarcación armada en corso (las primeras ordenanzas las dictó el Condado de Barcelona en 1356) con patente del rey y con permiso para atacar a todas las embarcaciones enemigas de la corona. Eran, pues, una especie de marina privada que actuaba legalmente, al lado de la Armada Real, y que por tanto nada tenían que ver con los piratas.

Si robaban, lo hacían con autorización regia, y una quinta parte de los beneficios que obtenían (el “quinto” legislado por los Reyes Católicos en 1480) debían pagarla como impuesto a la Hacienda Real.

Solían llevar la bandera del país al que pertenecían, aunque acostumbraban a cambiarla para engañar al adversario, hasta que estuvieran demasiado cerca para que éste pudiera reparar el engaño. Y, eso sí, una de sus principales limitaciones era la de no robar a embarcaciones de cristianos, fueran del país que fueran.

Estos arrojados marinos todavía conservan en Ibiza una aureola de fama y un prestigio casi legendario. El monumento de “Ibiza a sus corsarios” fue erigido en 1915, en memoria del valiente Antonio Riquer Arabí, quien entre otras hazañas, en 1806 capturó al pirata inglés Novelli, alias El Papa, con su barco Felicity, y del que recientemente se ha conmemorado el 150 aniversario de su muerte. Otros corsarios famosos fueron Pere Bernat, Antonio Pascual, la saga de los hermanos Sala

La expansión de la marina ibicenca se produjo a lo largo del siglo XVII. Los arrojados corsarios hacían la vida imposible a la embarcaciones enemigas, y ello supuso, por ejemplo, que los fuertes ataques de piratería sufridos por la isla en otras épocas se vieran mucho más reducidos.

Monumento a los corsarios en Ibiza

Hasta al menos el año 1620, Ibiza sufrió las incursiones y rapiñas de turcos, berberiscos y otras potencias enemigas de la Corona; pero a partir de entonces, los jabeques ibicencos, en un claro ejemplo de la tan conocida política de “la mejor defensa es un buen ataque”, además de defender las costas y aguas isleñas, comenzaron también a corsear por las costas de África, capturando cautivos y bienes de todas clases. Ello permitió, además, un auge cada vez mayor de la industria naval pitiusa y que Formentera dejara de ser, a su vez, refugio de piratas.

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