Maruja Torres se pasa al crimen con una protagonista dura y deslenguada

Tras cosechar premios tan importantes como el Planeta y el Nadal, Maruja Torres quiere darle “un final feliz” a su propia vida y ha decidido debutar en la novela negra con “Fácil de matar”, una obra protagonizada por una experiodista dura y deslenguada y amante de averiguar la verdad.

“Diana Dial (la protagonista) es mi ‘alter ego’, pero tiene mucha más mala leche que yo. Es un personaje de ficción y se puede permitir el lujo de decir cosas que yo no podría porque están castigadas por la ley”, afirmaba hoy Maruja Torres al presentar ante la prensa su nueva novela, publicada por Planeta.

Torres no ejerce ya el reporterismo desde hace unos años, aunque continúa con sus columnas y artículos en el diario “El País”. Pero, como decía hoy, ella seguirá siendo periodista hasta que se muera y le ha prestado su “instinto de sabueso” a la investigadora de su novela.

La idea de probar con el género negro se le ocurrió cuando, tras residir dos años en Beirut, intentaba “desengancharse” de esa ciudad que ama tanto y de la que no le fue fácil salir.

“El país empezaba a ser peligroso” y la escritora pensó que podía situar una acción policíaca “en un lugar donde el crimen no es excepcional” y donde el asesinato político prolifera “y cuesta distinguirlo de un ajuste de cuentas mafioso o de tipo familiar”.

Desde muy joven había “coqueteado” con la novela policíaca, pero su referencia para la que ahora publica es el cine de Hitchcock. Le gusta escribir “con trepidancia cinematográfica”.

Diana Dial ya había salido en la novela de Torres “¡Oh, es él! Viaje fantástico hacia Julio Iglesias”. Ahora tiene ya 54 años y ha dejado el periodismo pero mantiene intacta la curiosidad por descubrir lo oculto, contaba con regocijo Maruja Torres (Barcelona, 1943), muy contenta de este nuevo personaje con el que piensa convivir en varias novelas más.

Como le sucede a la autora de “Mujer en guerra”, Diana Dial “controla mucho ese Líbano del que tan pocas veces hablan los periodistas”. “Amamos Beirut y El Líbano y los odiamos también. Odiamos su instinto asesino y su guerracivilismo y amamos sus pequeñas ternuras y esa amabilidad que tienen sus gentes”, afirmó la escritora barcelonesa.

Su protagonista “es imperfecta. No es Juana de Arco defendiendo una causa, pero sí busca la verdad y le molestan mucho los daños colaterales de los asesinatos”, como el que afecta a dos sirvientas etíopes que fallecen en el atentado que se investiga en la novela, en el que muere también Tony Asmar, el hijo pequeño de una importante familia de cristianos maronitas.

Diana tratará de averiguar qué hay tras ese atentado y lo hará sin cobrar. No busca hacer carrera, sino tan solo desenmascarar a los culpables.

Pero en “Fácil de matar” no hay denuncia. Un “thriller”, opina Maruja Torres, “tiene que ser trepidante, y sobre todo debe entretener y ha de estar escrito con frases cortas y contundentes”.

Al fondo de esta novela late un cierto desamor hacia la profesión periodística que, según dijo la autora, empezó “antes” de concebirla.

“Yo me fui al Líbano por desamor al oficio”, aseguró Torres, que se instaló en Beirut en 2006 y hubiera querido hacer reportajes sobre la situación del país, pero no se le pidió “la menor información reporteril”, se lamentaba la escritora, que sí pudo hablar de aquellas experiencias en los artículos que publica en El País.

En aquel ambiente, Torres empezó a gestar la idea de esta novela, porque “es muy útil para un escritor plantear una intriga y recorrer ambientes que conoce bien. Es aprovechar su oficio al máximo y darse a sí mismo la posibilidad de seguir investigando”.

Como ella está acostumbrada a “observar el mundo desde el prisma de la maldad”, la escritora cree que, “por lo menos”, escribirá dos novelas más protagonizadas por su “alter ego”.

“Me apetece envejecer con este tipo de novelas. Quiero darle un final feliz a mi propia vida como periodista, como investigadora y como mujer”, aseguró la escritora.

En “Fácil de matar” hay muchas situaciones que la autora ha vivido en la realidad. “Yo reflejo mundos, no me los invento, y eso le da veracidad a la novela”, señaló Maruja Torres antes de referirse a “los malos muy malos” que hay en su novela, como los hay también en la vida real de un país que ha padecido una guerra civil muy larga, causada “por una forma de entender la política absolutamente mafiosa”.

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