Roban 1,5 millones de euros en el convento de ‘la monja pintora’

Las religiosas guardaban el dinero en bolsas de plástico en un armario, una de ellas es una cotizada artista.

Más de un millón de euros (exactamente 1,5), la mayoría en billetes de 500 euros guardados en bolsas de plástico en un armario. Ese es el robo que las responsables del monasterio de Santa Lucía –una comunidad cisterciense femenina y de clausura que lleva casi medio siglo ubicada en el barrio zaragozano de Casablanca– denunciaron el pasado lunes a la policía.

El Cuerpo Nacional de Policía, bajo la coordinación del juzgado de Instrucción número 9 de Zaragoza, ha abierto una investigación en la que también se indaga el origen del dinero, ya que la tenencia en efectivo de una cuantía tan elevada resulta cuanto menos llamativa al tratarse de una comunidad religiosa de este tipo. El detalle de los billetes de 500 guardados en bolsas de plástico dentro de un armario también llamó la atención a los encargados de la investigación.

Las religiosas echaron en falta el dinero a primera hora de la mañana del lunes de la semana pasada. Esa noche, mientras ellas dormían, alguien forzó una de las puertas de acceso a uno de los edificios del convento y revolvió en su interior. Las responsables de la comunidad se percataron rápidamente de la elevada cuantía del botín del robo.

Las integrantes de la comunidad religiosa se dedican a diferentes tareas, como la encuadernación y la restauración de libros, así como la recuperación de pergaminos.

LA ‘MONJA PINTORA’ En Santa Lucía vive Isabel Guerra, conocida como la monja pintora, una artista cuya cotización va en aumento. Cualquiera de sus dibujos puede costar entre 2.500 y 12.000 euros y sus cuadros llegan a alcanzar los 48.000 euros en el mercado del arte. Guerra suele exponer cada tres o cuatro años y vende todo lo que expone. De hecho, en la galería Sokoa de Madrid, que lleva su representación, suele haber lista de espera de compradores. Guerra fue protagonista en el año 2000 de una polémica y exitosa exposición retrospectiva en La Lonja de Zaragoza que vieron 120.000 personas.

Uno de los primeros aspectos que debe determinar la policía es si el robo fue un episodio de fortuna de un ratero que se topó con una cantidad millonaria por casualidad o si, por el contrario, es el golpe de un ladrón de guante blanco que fue a buscar el preciado botín allí donde él sabía que se encontraba.

Ninguna de esas dos hipótesis es descartable a priori, aunque ambas generan preguntas: ¿Quién decidiría asaltar, con intención de robar, un edificio de gruesas paredes y plano desconocido habitado por una comunidad que, al menos en teoría, pasa con lo justo para sobrevivir? ¿Y quién podría poseer fuera de los muros del convento una información tan precisa como el lugar en el que unas pías monjas custodiaban una fortuna en billetes de 500 euros? La policía está en ello.

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