Simón Wiesenthal: Héroe del Pueblo Judío y de la Humanidad

El cazador de nazis.
Se trata del personaje conocido en todo el mundo como el incansable perseguidor de los criminales de guerra nazis, los que luego de su derrota en la Segunda Gran Contienda Mundial (1939 – 1945), huyeron a los cuatro vientos.
Simón Wiesenthal residía en las cercanías del barrio judío de Viena, cuyo centro es la llamada Plaza Central Judía. Allí se encuentran las oficinas de ese hombre que se impuso una misión: impedir que el asesinato de 6 millones de judíos a manos de los nazis y sus colaboradores, quedara impune.

Cuando se habla de oficinas, se piensa en cuartos espaciosos, muebles modernos y mullidos sillones. Aquí, por el contrario, nos referimos a una modesta vivienda de tres habitaciones, en el 2° piso de un edificio antiguo. En una de esas habitaciones estaba el despacho donde Wiesenthal trabajaba. El otro cuarto contiene computadoras y documentos. Por último, en la gran sala repleta de libros se recibe a los visitantes.

Un sobreviviente
Simón Wiesenthal cumplió 96 años (Diciembre de 2004). Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, ha logrado someter a juicio a más de 1100 criminales nazis refugiados en todo el mundo; y lo hizo siempre bajo el lema: “Justicia, no venganza”.
Nació el 31 de Diciembre de 1908 en Lemberg (Polonia). Su padre pereció en la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918).
Por ser judío, Simón Wiesenthal no pudo ingresar en el Politéctino de Lemberg. Debió trasladarse a Praga (Checoslovaquia), en cuyo Instituto Técnico se recibió de Ingeniero en Arquitectura. Después volvió a Lemberg.
En la Segunda Guerra Mundial, su ciudad sufrió la ocupación soviética, para luego pasar a poder de los alemanes. En medio de esos cambios perdió Wiesenthal a gran parte de su familia.
Entre 1941 y 1945 estuvo prisionero en varios campos de concentración, entre ellos Buchenwald y Mauthausen. Salvó su vida trabajando como mecánico en una fábrica y como Ingeniero en la planificación de ferrocarriles. Logró hacer llegar los proyectos que manejaba al Movimiento de la Resistencia Polaca, del que obtuvo en cambio un falso pasaporte con el cual su esposa, de marcados rasgos “arios”, salió del infierno sin problemas.
En 1944, al aproximarse las fuerzas soviéticas de liberación, los alemanes eliminaron a miles de prisioneros. Wiesenthal se contó entre los pocos sobrevivientes. En mayo de 1945 fue liberado del campo de Mauthausen por las fuerzas estadounidenses.

Nuevos planes.
Una vez en libertad, decidió que nunca más volvería a Polonia, la tierra de su niñez y de su juventud. Concluidas las hostilidades, comenzó en distintos países su búsqueda de los criminales de guerra nazis, responsables del asesinato de millones de judíos, a fin de someterlos a proceso. Integró la Comisión Americana de Crímenes de Guerra, y en 1946, con 30 sobrevivientes de los campos, estableció en la zona de Alemania ocupada por los norteamericanos, el Centro Judío de Documentación Histórica.
Cuando Simón Wiesenthal daba sus pasos iniciales, ignoraba que esa tarea le llevaría toda una vida. En su ingenuidad, pensaba que unos pocos años serían suficientes para localizar y juzgar a los asesinos del pueblo judío. Pero la llamada “Guerra Fría” entre E.E.U.U y la U.R.S.S, hizo fracasar sus planes. Alguna vez se quejó Simón Wiesenthal de que justamente cuando él arriesgaba su vida en la búsqueda de criminales nazis, en la Polonia comunista se lo acusaba de trabajar para cuanto país se le pudiera ocurrir, excepto, tal vez, Japón…
En 1954, decepcionado por la situación política, clausuró su oficina y envió toda la documentación a “Iad Vashem”, el monumental emprendimiento que, en Jerusalem, perpetúa la memoria de la Shoá. Sin embargo, se reservó una carpeta: la correspondiente a Adolf Eichmann, el diabólico artífice de la “solución final”. (Más tarde, en 1961, el Centro de Documentación Histórica sería reabierto en Viena). A Simón Wiesenthal le cupo un papel de primer orden en el acopio de datos que finalmente llevaron a la captura de Eichmann (año 1960).

Una paciente búsqueda.
Wiesenthal había sido informado en 1953 de que Adolf Eichmann se encontraba en la Argentina bajo una falsa identidad. Pero en ese momento no contaba con lo medios suficientes para constatar la información. Cuando el padre de Eichmann murió, logró Wiesenthal fotografiar a toda la familia. El grupo de israelíes que viajó a la Argentina para capturar al criminal, obtuvo de Wiesenthal esa fotografía; y les fue muy útil, ya que Eichmann tenía un gran parecido con sus familiares.
El Estado de Israel supo valorar la ayuda de Wiesenthal en la preparación del proceso que siguió a la captura. El acta de acusación se basó, en buena medida, en las hojas del legajo que él había reunido.
Otros casos de gran resonancia fueron: el de Karl Silberbauer, que llevó a un campo de concentración a Ana Frank, y descubierto en 1963 cuando trabajaba como inspector de policía en Viena; el austríaco Franz Stangl, comandante del campo de Treblinka capturado en 1967 en Brasil; y el alemán Josef Schwamberger, comandante del gueto de Przemysl, apresado en 1987 en la Argentina.

Una tarea excepcional.
El archivo de Simón Wiesenthal contiene información relativa a más de 3000 criminales nazis. Los colaboradores de su Centro llevaron a los estrados a más de 800 ex S.S. Sin embargo, él lamentaba la desproporción entre dichos números y los 6 millones de víctimas judías. Consideraba que con éstas desaparecieron también 6 millones de testigos, ya que más de una vez ha sido imposible condenar a un criminal por falta de testimonios.

Temas de hoy y de siempre.
Acerca del antisemitismo que recrudece en Europa, Wiesenthal consideraba que viene de muchos siglos y que no se podrá erradicar totalmente. Es importante que las comunidades afectadas expresen sin temor su protesta ante cada una de sus manifestaciones; y que no le permitan al mundo olvidar su gran responsabilidad en el exterminio de millones de seres inocentes, entre ellos un millón y medio de niños.
Otras declaraciones suyas, cuando cumplía 93 años de edad (diciembre de 2001), llamaron la atención: fue cuando dijo que comenzaba a retirarse del trabajo activo con la conciencia tranquila de haber hecho lo posible, por haber hallado a muchos de los nazis que buscaba, o bien por haberlos sobrevivido. Y si algunos no habían sido buscados antes, sus colaboradores y seguidores tomarían la posta, ya que los crímenes de “lesa humanidad” nunca prescriben.
La verdad es que quedaban aún criminales nazis responsables de asesinatos masivos y en condiciones de ser juzgados: alemanes, lituanos, estonios, croatas, ucranianos; como por ejemplo Conrad Kaleis, de Letonia, radicado en Australia; Harry Manil, de Estonia, refugiado en Venezuela, y entre otros, Bogdán Kazi, oculto en Costa Rica…

Misión cumplida.
En diciembre de 2002, Simón Wiesenthal anunció su retiro definitivo. Interrogado por los periodistas, su secretaria declaró que era comprensible esa decisión en una persona de 94 años. También debía tomarse en consideración que la mayor parte de los asesinos, de las víctimas y de quienes podrían dar testimonio ya no viven.
Contradiciendo su conducta de siempre, en esa ocasión se excusó Wiesenthal de conceder entrevistas a la prensa, dados los problemas de salud que lo aquejaban. El 31 de diciembre de 2003 había cumplido 95 años. Acongojado por el reciente fallecimiento de su esposa, había venido retaceando cada vez más las salidas y sus apariciones en público. En cuanto a la misión a la que consagró su vida, había declarado en ese entonces: “A los asesinos que he perseguido, los he encontrado a casi todos. Y si hubiese algún criminal todavía no descubierto, él sería demasiado viejo para llevarlo a los tribunales”.
Sin duda, los que secundan a Wiesenthal seguirán su obra con la tenacidad que siempre los caracterizó.

Reconocimientos.
A lo largo de más de 60 años, Simón Wiesenthal cumplió una tarea gigantesca reivindicando el honor del Pueblo Judío y la Humanidad.
Recibió distinciones y premios, entre ellos de la Reina Juliana de Holanda, del Presidente Pertini de Italia, del Presidente norteamericano Jimmy Carter y del alcalde de Jerusalem, Teddy Kóllek; y doctorados honoris causa de distintas universidades del mundo.
Ha publicado muchos libros, tales como “Los asesinos entre nosotros”, luego traducido a innumerables idiomas. El Centro “Simón Wiesenthal” tiene también una filial argentina con sede en Buenos Aires, dirigida por el licenciado Sergio Widder.

Cyla Z”L
El 10 de noviembre de 2003, a los 95 años de edad fallece la esposa de Simón Wiesenthal, Cyla Muller, había nacido en Buczacz, un pequeño poblado de Galitzia Oriental.
Cyla y Simón Wiesenthal se conocían desde muy jóvenes, se casaron en septiembre de 1936. Tres años mas tarde estalló la Segunda Guerra Mundial, y su vida en común se vio interrumpida.
Cyla fue llevada a servir en campos de trabajo, hasta que Simón, mediante sus contactos con la Resistencia Polaca, obtuvo para ella documentos que la identificaban como “Aria”.
Se reencontraron al final de la Guerra luego de haber perdido entre ambos, en la Shoá, a 89 miembros de sus familias.
Vivieron modestamente en Linz y luego en Viena. En 1946 nació su única hija, Paulinka, que hoy reside con su esposo e hijos en Israel.
Cyla fue para Simón Wiesenthal una gran compañera, siempre a su lado en la sagrada misión que él se impuso, de llevar a la Justicia a los asesinos del Pueblo Judío.

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